martes 11 de noviembre de 2008

La Raiz Del Problema: La naturaleza humana que no es humana y como despertar mientras dormimos!



Wow... Que Video!!!

Con este video en mente vamos a analizar un poco la raiz de todo este problema...

La Naturaleza Humana Que No Es Humana
Hay algo en el hombre, en el humano, que lo hace actuar de la forma como lo hace.
Hay algo que nos mantiene dormidos, y no es una droga, o una antena, o un ser, o ninguna otra influencia exterior...
Esta fuerza habita en cada uno de nosotros, es inhata, y su naturaleza parece ser absurda y contradictoria.
De que otra forma podriamos explicar esta barbariedad de la existencia humana, la historia humana esta marcada por guerras, miseria, dominacion, control, busqueda de poder y destruccion.
Algo anda mal...
Muy mal...
Claro, no podemos enfocarnos solo en el aspecto negativo, hay una porcion positiva de la naturaleza humana, de lo contrario ya no estariamos aqui!
Lo que quiero analizar es la raiz del problema humano pasado/actual/futuro...

Y todo parece indicar que esta raiz es el EGO!!!

El ego como una fuerza, que nos individualiza, nos fracmenta de una totalidad humana, y cosmica, totalidad de lo que nos rodea vista o experimentada separada e independiente del observador, y esta separacion es causa de un vacio que promueve un sed, o apetito que genera una busqueda del movimiento energetico de lo exterior a lo interior.

Esto es causa de que el universo, la existencia tenga una funcion, o Servicio Al Ser (SAS)

Y la maxima caracteristica como humanos del Servicio Al Ser, parece ser el SEXO, siendo la maxima expresion de la fisicalidad y autosatisfaccion/placer posible.

El sexo visto desde un punto de vista, netamente material y placentero (egoista), que nos mantiene atrapados y alimenta al ego insaciable.

Las otras caracteristicas del SAS: la busqueda de poder, ambicion, materialidad, violencia, dominacion, ver solo lo que se quiere ver osea no aceptar las cosas como son (objetivas) si no mas bien como quiere o busca que sea para poder servir al ser (subjetivo) etc etc etc....

En algunos seres humanos, este egoismo, este SAS es mas o menos fuerte que en otros.

La maxima expresion del SAS en el ser humano es la PSICOPATIA, caracteristica o enfermedad mental de origen genetico, que se puede definir como la total falta de empatia o coneccion con el resto del espiritu humano, osea una total separacion o expresion egoista y por lo tanto actua sin una conciencia por los demas, y su sed, ambicion etc lo llevan ha hacer cosas inimaginables para el resto de nosotros. (Ver link para mayor profundidad )

Si concideramos la vida y en especial en este caso, la existencia humana, como un camino de evolucion, todas las experiencias y situaciones ya sean "malas o buenas" podrian concidararse como una especie de escuela, o lecciones que nos ayudan a progresar....
teniendo este concepto en cuenta podrimos decir, que cada uno y en grupo tiene sus lecciones que aprender, su aparente destino demarcado por el libre albedrio.



Al parecer este es el caso de SAS, decidimos en un punto de nuestra existencia gracias a que un ser reptiliano de algun tipo, nos mostro que significaba existir y experimentar la fisicalidad y el egoismo, decidimos probar del fruto del conocimineto del bien y del mal, como una forma de aprender una leccion mas y de esta forma fuimos expulsados de ese estado edenico, o paridisiaco, y vinimos a caer en esta tierra, en estos cuerpos en esta existencia...
recuerdas como el mito asocia el pecado original con la sexualidad?


Una leccion bastante "dura"....

quisiera escribir mas.... pero a veces me bloqueo y al parecer este es uno de esos momentos....
por ahora dejo este articulo asi.... con el siguiente estracto del libro "El Lado Activo Del Infinito" de Carlos Castañeda:



Los chamanes del México antiguo fueron los primeros que vieron esas sombras fugaces, así es que las siguieron. Las vieron como tú las viste hoy, y las vieron como energía que fluye en el universo. Y, sí, descubrieron algo tras­cendental.

Paró de hablar y me miró. Sus pausas encajaban per­fectamente. Siempre paraba de hablar cuando yo pendía de un hilo.

‑¿Qué descubrieron, don Juan? ‑pregunté.

‑Descubrieron que tenemos un compañero de por vida ‑dijo de la manera más clara que pudo‑. Tene­mos un predador que vino desde las profundidades del cosmos y tomó control sobre nuestras vidas. Los seres humanos son sus prisioneros. El predador es nuestro amo y señor. Nos ha vuelto dóciles, indefensos. Si que­remos protestar, suprime nuestras protestas. Si quere­mos actuar independientemente, nos ordena que no lo hagamos.

Estaba ya muy oscuro a nuestro alrededor, y eso pa­recía impedir cualquier expresión de mi parte. Si hubie­ra sido de día, me hubiera reído a carcajadas. En la oscu­ridad, me sentía bastante inhibido.

‑Hay una negrura que nos rodea ‑dijo don Juan‑, pero si miras por el rabillo del ojo, verás todavía las fuga­ces sombras saltando a tu alrededor.

Tenía razón. Aun las podía ver. Sus movimientos me marearon. Don Juan prendió la luz, y eso pareció disi­parlo todo.

‑Has llegado, a través de tu propio esfuerzo, a lo que los chamanes del México antiguo llamaban el tema de temas ‑dijo don Juan‑. Me anduve con rodeos to­do este tiempo, insinuándote que algo nos tiene prisione­ros. ¡Desde luego que algo nos tiene prisioneros! Esto era un hecho energético para los chamanes del México an­tiguo.

‑¿Pero, por qué este predador ha tomado posesión de la manera que usted describe, don Juan? ‑pregun­té‑. Debe haber una explicación lógica.

‑Hay una explicación ‑replicó don Juan‑, y es la explicación más simple del mundo. Tomaron posesión porque para ellos somos comida, y nos exprimen sin compasión porque somos su sustento. Así como noso­tros criamos gallinas en gallineros, así también ellos nos crían en humaneros. Por lo tanto, siempre tienen comi­da a su alcance.

Sentí que mi cabeza se sacudía violentamente de lado a lado. No podía expresar mi profundo sentimiento de incomodidad y descontento, pero mi cuerpo se movía haciéndolo patente. Temblaba de pies a cabeza sin voli­ción alguna de mi parte.

‑No, no, no, no ‑me oí decir‑. Esto es absurdo, don Juan. Lo que usted está diciendo es algo monstruo­so. Simplemente no puede ser cierto, para chamanes o para seres comunes, o para nadie.

‑¿Por qué no? ‑don Juan preguntó calmadamen­te‑. ¿Por qué no? ¿Por qué te enfurece?

‑Sí, me enfurece ‑le contesté‑. ¡Esas afirmacio­nes son monstruosas!

‑Bueno ‑dijo‑, aún no has oído todas las afirma­ciones. Espérate un momento y verás cómo te sientes. Te voy a someter a un bombardeo. Es decir, voy a some­ter a tu mente a tremendos ataques, y no te puedes ir porque estás atrapado. No porque yo te tenga prisione­ro, sino porque algo en ti te impedirá irte, mientras que otra parte de ti de veras se alocará. Así es que, ¡ajústate el cinturón!

Sentí que había algo en mí que exigía ser castigada. Don Juan tenía razón. No podría haberme ido de la casa por nada del mundo. Y aun así, no me gustaban para nada las insensateces que él peroraba.

‑Quiero apelar a tu mente analítica ‑dijo don Juan‑. Piensa por un momento, y dime cómo explica­rías la contradicción entre la inteligencia del hombre‑in­geniero y la estupidez de sus sistemas de creencias, o la estupidez de su comportamiento contradictorio. Los chamanes creen que los predadores nos han dado nuestro sistemas de creencias, nuestras ideas acerca del bien y el mal, nuestras costumbres sociales. Ellos son los que establecieron nuestras esperanzas y expecta­tivas, nuestros sueños de triunfo y fracaso. Nos otorgaron la codicia, la mezquindad y la cobardía. Es el predador el que nos hace complacientes, rutinarios y egomaniá­ticos.

‑¿Pero de qué manera pueden hacer esto, don Juan? ‑pregunté, de cierto modo más enojado aún por sus afirmaciones‑. ¿Susurran todo esto en nuestros oídos mientras dormimos?

‑No, no lo hacen de esa manera, ¡eso es una idio­tez! ‑dijo don Juan, sonriendo‑. Son infinitamente más eficaces y organizados que eso. Para mantenernos obedientes y dóciles y débiles, los predadores se involu­craron en una maniobra estupenda (estupenda, por su­puesto, desde el punto de vista de un estratega). Una maniobra horrible desde el punto de vista de quien la sufre. ¡Nos dieron su mente! ¿Me escuchas? Los pre­dadores nos dieron su mente, que se vuelve nuestra mente. La mente del predador es barroca, contradicto­ria, mórbida, llena de miedo a ser descubierta en cual­quier momento.

»Aunque nunca has sufrido hambre ‑continuó‑, sé que tienes unas ansias continuas de comer, lo cual no es sino las ansias del predador que teme que en cual­quier momento su maniobra será descubierta y la comi­da le será negada. A través de la mente, que después de todo es su mente, los predadores inyectan en las vi­das de los seres humanos lo que sea conveniente para ellos. Y se garantizan a ellos mismos, de esta manera, un grado de seguridad que actúa como amortiguador de su miedo.

‑No es que no pueda aceptar esto como válido, don Juan ‑dije‑. Podría, pero hay algo tan odioso al res­pecto que realmente me causa rechazo. Me fuerza a to­mar una posición contradictoria. Si es cierto que nos co­men, ¿cómo lo hacen?

Don Juan tenía una sonrisa de oreja a oreja. Rebosaba de placer. Me explicó que los chamanes ven a los niños humanos como extrañas bolas luminosas de energía, cu­biertas de arriba a abajo con una capa brillante, algo así como una cobertura plástica que se ajusta de forma ceñi­da sobre su capullo de energía. Dijo que esa capa brillan­te de conciencia era lo que los predadores consumían, y que cuando un ser humano llegaba a ser adulto, todo lo que quedaba de esa capa brillante de conciencia era una angosta franja que se elevaba desde el suelo hasta por en­cima de los dedos de los pies. Esa franja permitía al ser humano continuar vivo, pero sólo apenas.

Como si hubiera estado en un sueño, oí a don Juan Matus explicando que, hasta donde él sabía, la humani­dad era la única especie que tenía la capa brillante de conciencia por fuera del capullo luminoso. Por lo tanto, se volvió presa fácil para una conciencia de distinto or­den, tal como la pesada conciencia del predador.

Luego hizo el comentario más injuriante que había pronunciado hasta el momento. Dijo que esta angosta franja de conciencia era el epicentro donde el ser humano estaba atrapado sin remedio. Aprovechándose del único punto de conciencia que nos queda, los predadores crean llamaradas de conciencia que proceden a consumir de manera despiadada y predatorial. Nos otorgan proble­mas banales que fuerzan a esas llamaradas de conciencia a crecer, y de esa manera nos mantienen vivos para alimen­tarse con la llamarada energética de nuestras seudo‑pre­ocupaciones.

Algo debía de haber en lo que don Juan decía, pues me resultó tan devastador que a este punto se me revol­vió el estómago.

Después de una pausa suficientemente larga para que me pudiera recuperar, le pregunté a don Juan:

‑¿Pero por qué, si los chamanes del México anti­guo, y todos los chamanes de la actualidad, ven los pre­dadores no hacen nada al respecto?

‑No hay nada que tú y yo podamos hacer ‑dijo don Juan con voz grave y triste‑. Todo lo que pode­mos hacer es disciplinarnos hasta el punto de que no nos toquen. ¿Cómo puedes pedirles a tus semejantes que atraviesen los mismos rigores de la disciplina? Se reirán y se burlarán de ti, y los más agresivos te darán una pa­tada en el culo. Y no tanto porque no te crean. En lo más profundo de cada ser humano, hay un saber ancestral, visceral acerca de la existencia del predador.

Mi mente analítica se movía de un lado a otro como un yo‑yo. Me abandonaba y volvía, me abandonó de nuevo y volvía otra vez. Lo que don Juan estaba afir­mando era absurdo e increíble. Al mismo tiempo, era algo de lo más razonable, tan simple. Explicaba cada contradicción humana que se me pudiera ocurrir. ¿Pero cómo podría cualquier persona haber tomado esto con seriedad? Don Juan me empujaba al paso de una avalan­cha que me derribaría para siempre.

1 comentarios:

FATIMA dijo...

Felicidades por tu espacio!!
Me parece muy interesante la informaciòn que compartes ademàs de que dejas muy claro que cada quien es responsable de lo que piensa y siente. Aùn no he leido todos los articulos pero poco a poco los ire digiriendo.